TRES NUEVOS PRESBÍTEROS EN NUESTRA PROVINCIA

Tres Nuevos Presbíteros En Nuestra ProvinciaHemos comenzado este nuevo año 2015 bendecidos con la ordenación de tres nuevos presbíteros para la Iglesia y para la Congregación de Jesús y María.

El sábado 17 de enero, en la capilla Cristo Sacerdote de Valmaría, los diáconos John Álvaro Herrera García y Hernán Latorre Perdomo recibieron la ordenación presbiteral de manos de Mons. Daniel Caro Borda, obispo de Soacha.

El domingo 25 de enero fue ordenado presbítero Oscar Tulio Londoño Henao por Mons. Ricardo Tobón, arzobispo de Medellín en la parroquia san Miguel Arcángel. Felicitamos de todo corazón a los neopresbíteros, nos unimos a la alegría de sus familias y los acompañamos con nuestra oración para que el Espíritu Santo los capacite con todos sus carismas y dones en el ejercicio de su ministerio en nuestra Provincia.

Compartimos con todos la homilía ofrecida por Mons. Daniel Caro Borda durante la ceremonia de ordenación celebrada en Valmaría.

Hoy, ante la Iglesia toda, Dios confirma la elección que ha hecho, para los diáconos eudistas John Álvaro Herrera y Hernán Latorre sean sus ministros Tres Nuevos Presbíteros En Nuestra Provinciasacerdotes mediadores. A la vez, ustedes, hoy ratifican la elección que han hecho por el Señor y por su Iglesia, bajo los carismas de san Juan Eudes.

¿Cómo ir perfeccionando el sacerdocio recibido? ¿Cómo ser fieles a la elección hecha por Dios y la elección hecha por ustedes? ¿Cómo llegar a ser presbíteros? En el Evangelio escuchamos la insistencia de Jesús para permanecer con El, dar fruto y cumplir con el mandato del amor. ¿Cómo realizar todo esto? Como se llega a Dios: por la fe, la esperanza y la caridad.

Sacerdote lleno de fe

Es decir, creer en la elección que Cristo les ha hecho, mediante la Iglesia. Jesús no sólo los llamó, los eligió para que se configuraran con él: Mediador, Sacerdote, Intercesor, Víctima, Altar, Nueva Pascua, Nueva Alianza en la sangre de Cristo-Eucaristía, Profeta, Rey servidor y Constructor del Reino de Dios en el propio corazón y en el de los fieles.

John Álvaro y Hernán, tener fe como Cristo, es permitir que Dios entre en la vida y sea su dueño. Creer es permitirle a Dios que se la razón de su ser y de su trabajo. Es mantener un corazón limpio para poder ver, estar y sentir a Dios. Únicamente en un corazón limpio, crece la fe y por ella la Palabra; la fe es obediencia y así el Evangelio se hace carne, vida en nosotros.

Ser sacerdote de fe es no darse por vencido ante los escasos éxitos y ver en ellos cómo el Reino de Dios, cual semilla, va fructificando en el propio corazón y en el corazón de los fieles. Sacerdote lleno de fe, es ungir con las propias manos la vida de los fieles para consagrarlos a Dios desde su nacimiento hasta su muerte. Es mantener la acción sacerdotal como verdaderos ministros y jamás convertirnos en funcionarios. Tener fe es ser luz y sal ante todos. Luz para que todos vean caminos nuevos de vida y sal porque son capaces de conservar todas las cosas buenas. Tener fe es caminar en el caminar siempre nuevo de la Iglesia. Sentir la Iglesia. Sacerdote de fe es entrar todos los días por la Puerta-Jesucristo. Es decir, confrontar la vida propia con la de Cristo, para ir conformando con El un solo vivir, como Pablo: “mi vivir es Cristo”. Tener fe es no temer porque el Evangelio tiene exigencias. Es confirmar, reafirmar, aplicar y no olvidar la enseñanza recibida en los años de formación.

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La fe como nos dijo Benedicto XVI es una puerta que se abre ante un camino que hay que recorrer, no solos, sino en armonía con los fieles, con la Congregación y con toda la Iglesia. Cuidado con la soledad presbiteral y apostólica! Huyan de ella, témanle. El que cree solo, se aísla. Se hace estorbo para la Congregación y carga para los demás. Se vuelve verdad única para sí mismo. Cómo no hablar de la fe en la oración del sacerdote. Creer que la oración que hacemos, la propia oración, la que llega al cielo con nuestro nombre y apellido, sin celebración, sin misterio, sin asamblea, es un “acto de mediación sacerdotal” valioso y fecundante de la Iglesia, de la parroquia, de nuestro ministerio, de nuestra vida cristiana. Es un acto personal, íntimo, insustituible. De Cristo se dice: “El habiendo ofrecido en los días de su vida mortal ruegos y súplicas, con poderoso clamor y lágrimas… fue escuchado por su actitud reverente” (Hb 5,5).

Tener fe es oír la voz de la Virgen que a cada instante nos repite: “Haced lo que El os diga”. Fe es tener en el corazón el amor a la Iglesia que invita a trabajar en ella y como ella quiere. Fe es obediencia a Dios, a la Palabra, al Evangelio, a la Iglesia y los carismas congregacionales.

Sacerdote de esperanza

Jesús le dijo a Pedro: “Rema mar adentro”. Esta es la esperanza del sacerdote, siempre mar adentro y sin desfallecer. La Esperanza los llevará a la Cruz para que con Cristo Sacerdote puedan repetir muchas veces, hasta el final, “todo está cumplido”. Pero la esperanza no termina en la cruz… lleva hasta la resurrección, pues quien da la vida la multiplica; quien siembra con abundancia, con abundancia cosechará; y el grano que muere en la tierra da el ciento por uno; y el que da su vida, da vida; y el cirio da luz cuando se va gastando; y la sal sala cuando se deshace para salar; el que se cuida a sí mismo, se pudre, se hecha a perder.

Basta mirar la vida de Jesús y encontraremos el verdadero sentido de la esperanza.

Tres Nuevos Presbíteros En Nuestra ProvinciaNeopresbíteros, la esperanza nos lleva a estar siempre en siembra, a estar siempre en donación hacia los demás, a estar siempre en ofertorio para ser “pan que se parte y comparte y vino que se derrama” en el rito cristiano de Melquisedek, para la salvación de todos. Esperanza es estar en crecimiento, no contentos con lo que hay, deseosos de caminar mejor, más comunidad, más servicio, más generosidad, más santidad. La esperanza se termina en el cielo, pues el cielo es la realidad óptima de lo que trabajamos aquí. El grado de generosidad en el trabajo, será el grado de esperanza que se tiene en el corazón. La amargura, la mediocridad apostólica son falta de esperanza. Es contentarse con lo que hay, aunque ya no sirva.

La alegría de su sacerdocio estará en la esperanza con que lo vivan. La esperanza es el motor del optimismo, de la creatividad, del cada día será mejor. La esperanza les dará un rostro siempre lozano, alegre, cariñoso… la gente los verá sacerdotes frescos, confiables, jamás amargados. La esperanza cambia el sentido de nuestra vida. Es la esperanza cristiana de una vida más plena, pues es la promesa del Señor: “He venido para que tengan vida en abundancia”. Sacerdotes nuevos, ahí hay que apuntar: que los fieles tengan mejor vida y abundante. El pastor busca los mejores pastos… va delante… llama… conoce las voces… lo conocen… y da la vida en su trabajo y con trabajo. El servicio y el compartir tienen como alma la esperanza, pues mueve la voluntad a ser “servidores de los demás”, comenzando por sus hermanos de Congregación. Nuestra pequeñez ante los retos sólo se supera con la esperanza. La esperanza en la promesa del Señor: “Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo”. A ese “estaré” de Jesús nos corresponde “hacerlo estar, crear ámbitos favorables” en nuestra vida íntima. Si las cosas no son así, el sacerdocio será una vanagloria personal y un adorno valioso ante los demás pero desagradable ante Dios… “me honran con sus labios pero su corazón está lejos de mí”.

Tres Nuevos Presbíteros En Nuestra ProvinciaAmor que nos hace generosos para con los pobres, ser pacientes con ellos. Que los pobres a ustedes los busquen, que los mortifiquen; que ustedes sean su ayuda cuando nadie más lo es. Amor que nos lleva a alegrarnos con y por el éxito de los demás. Punto central de la espiritualidad de san Juan Eudes es el amor representado en el Corazón de Jesús y María.

Amor a la Virgen que ampara, defiende y da el carisma de ser amable y comprensivo. Amarla con amor de hijo; amor sencillo, sin complicaciones; un amor simple, sincero, que los mantendrá marianos en la sencillez de quien quiere a su mamá, la recuerda y la hace amar. Amor que nos hace descansar en ella… “como un niño en brazos de su madre”.

Queridos neopresbíteros, aquí estás sus familias como María al pie de la cruz. Desprendida de Jesús pero no lejos de él. Primero Dios y lo de él… sin dejar la familia que será fortaleza, amparo y compañía. Hay que rezar por la propia familia, y mucho. La oración por nuestra familia es insustituible, así como la oración de ella por nosotros.

Por último, hay un grupo de sacerdotes que constituyen sus hermanos de Congregación, de carisma y de misión. Este grupo de sacerdotes, que con anterioridad escucharon la voz del Señor van adelante y desean que ustedes sean mejores. Los acogen para compartir la fraternidad sacerdotal eudista. Sin duda es una realidad maravillosa, misteriosa, con la fuerza de un sacramento que los santifica. Una experiencia sencilla, santa, apostólica, reconfortante para cada uno y para todos.

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