La Comunidad Apostólica

Los Eudistas responden solidariamente por la vida y el apostolado de la Congregación.

Por hallarse la Congregación establecida en regiones y culturas diferentes, las provincias, dentro de la plena fidelidad a la inspiración eudista, fijan sus propias prioridades en la elección de sus compromisos. Se muestran solidarias las unas de las otras y se esmeran por acrecentar sus vínculos fraternos y su mutua colaboración.

En cada provincia, los Eudistas, atentos a las necesidades de la Iglesia y del mundo, orientan sus esfuerzos en función de las prioridades que conjuntamente han descubierto.

Buscan desarrollar las cualidades que favorecen la vida y el trabajo en común: apertura de espíritu, respeto a los demás, capacidad para escuchar y dialogar.

Viven en comunión con la Iglesia particular dentro de la cual trabajan. Bajo la dirección del obispo, ejercen, en espíritu de corresponsabilidad, los ministerios que les son confiados. Aceptan plenamente seguir las orientaciones diocesanas, regionales y nacionales.

Se empeñan en buscar el bien de todas las iglesias. Su pertenencia a una Congregación que se halla presente en varios continentes los ayuda a penetrarse del sentido de la catolicidad en la Iglesia dentro de la cual trabajan.

Su comunión en una misma fe y en una misma solicitud apostólica manifiesta el poder del Espíritu de Jesús que une a los hombres: ella es el signo del nacimiento del mundo nuevo, inaugurado por la resurrección, en el que la plenitud de la Ley es el Amor.

Misiones

Los Eudistas trabajan en el anuncio del Evangelio y en la renovación de la fe, mediante el Testimonio de su vida, la oración, la enseñanza y el desempeño de las diversas tareas pastorales.

Entre todas estas tareas atribuyen una importancia especial a aquellas que les permiten participar mejor en la Evangelización, para hacer conocer "al mismo Jesús, Evangelio de Dios

Testigos de un Reino de justicia y de libertad,los Eudistas, prestando oído a los más pobres, aceptan ser la voz de los que no tienen voz. En armonía con las directivas de los obispos se com-prometen a promover entre los hombres una repartición más justa y fraternal de los bienes de este mundo. Son conscientes de que el Evangelio tiene el poder de realizar la liberación integral del hombre.

Frente a todas las angustias, sean ellas fruto de la injusticia, de la soledad, de la ignorancia, de la miseria moral o del pecado, se esfuerzan por apropiarse la mirada de Jesús y su actitud misericordiosa que revela la ternura infinita del corazón de Dios.

La Palabra de Dios tiene poder para impregnar todas las culturas y transformar las estructuras sociales. Por consiguiente los Eudistas proclaman la fuerza del Evangelio en lo más profundo de las alegrías y las esperanzas, de los sufrimientos y angustias de los pueblos entre los cuales viven.

Por fidelidad al anuncio del Evangelio, los Eudistas, personal y comunitariamente, valoran la importancia:

  • de una información diversificada sobre los grandes acontecimientos de la vida del mundo y de la Iglesia;
  • del uso inteligente de los medios de comunicación social
  • de tomar en cuenta la cultura que está naciendo a partir de los medios de comunicación y de las aplicaciones de la informática;
  • de prestar atención particular a las expresiones de la piedad popular;
  • de mantener interés constante por las realidades políticas, económicas y culturales de los países en donde viven.


Procuran despertar una conciencia crítica en todos estos campos, en aquellos y aquellas con quienes trabajan o que les han sido confiados.

Proclaman con valentía la palabra de salvación a quienes no la han escuchado todavía; se preocupan por aquellos que, después de haberla escuchado, se han apartado de ella; se esfuerzan por hacer evangelizadoras las comunidades de las que son responsables.

Al mismo tiempo tienen el cuidado de abrir estas comunidades y los demás grupos en que trabajan a la acción transformadora del Espíritu Santo, favoreciendo con todas sus fuerzas el crecimiento de la fe, la profundización de la vida espiritual y sacramental y la participación en las responsabilidades pastorales.

La obra de evangelización está totalmente orientada hacia la reunión de los hombres en Iglesia, de la cual la Eucaristía, misterio del amor y de la salvación, es el signo aquí en la tierra. En esta perspectiva, los Eudistas quieren vivir la misión.

Seminarios

Para que la evangelización produzca frutos duraderos, san Juan Eudes se entregó con todo su ser a la formación de los presbíteros. A ejemplo suyo, los Eudistas trabajan con los medios a su alcance, para asegurar la calidad del servicio pastoral dentro de la Iglesia. Toman parte activa en las búsquedas y experiencias que se proponen renovar los diversos ministerios de la Iglesia.

Se preocupan por descubrir y guiar a aquellos y aquellas a quienes Dios llama a un servicio de la comunidad cristiana, a la vida religiosa o al apostolado misionero.

Atentos a la voluntad de Jesús de no dejar a su pueblo sin pastores, buscan ayudar a aquellos que consideran aptos para ejercer la tarea pastoral y recuerdan a los demás cristianos sus responsabilidades en el despertar de las vocaciones.

Se comprometen en la formación y el segui-miento de los presbíteros y demás obreros delEvangelio.

En los seminarios, o en las demás modalidades aceptadas por los obispos, contribuyen a preparar a los futuros presbíteros y diáconos.

Según las necesidades de las Iglesias locales, colaboran en la formación de laicos con miras a las diversas tareas apostólicas.

En toda ocasión comparten la vida de los presbíteros y traban con ellos relaciones amistosas. Con ellos exploran las formas de apos¬tolado y el género de vida más adaptados a su tiempo; se esfuerzan por ayudarlos, en todas las formas, para que vivan generosamente al servicio del Evangelio

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