El Corazón de María

El Corazón de María rebosa de amor a Dios y de caridad hacia nosotros

(DEL LIBRO DE SAN JUAN EUDES, PRESBÍTERO, «SOBRE EL ADMIRABLE CORAZÓN DE JESÚS».

9, 4; 11, 2: Oeuvres Completes 7, 461-462; 8, 114-122.139-140.)

María no amó jamás nada fuera de Dios y lo que Dios quiso que amara en él y por él.

Entre las festividades de la Virgen María, la de su Corazón es como el corazón y la reina de las demás, porque celebra la sede del amor y de la caridad.

El objeto de esta solemnidad es el Corazón de la hija única y amadísima del Padre eterno, el corazón de la Madre de Dios, de la Esposa del Espíritu Santo, de la madre amorosísima de todos los fieles. Es un Corazón encendido de amor a Dios y de caridad por nosotros.

El Corazón de María es todo amor por Dios. Porque nunca ha amado nada fuera de Dios y lo que Dios quiso que amara en él y por él. Porque lo ha amado siempre con todo su corazón, con toda su alma, y con todas sus fuerzas. Porque no solamente ha querido siempre lo que Dios quería, sino que ha puesto en ello su gozo y felicidad.

El Corazón de María es todo amor por nosotros. Ella nos ama con el mismo amor con que ama a Dios porque es a él a quien mira y ama en nosotros. Nos ama con el mismo amor con que ama al Hombre Dios porque sabe que Cristo es nuestra Cabeza y nosotros sus miembros y por lo mismo somos una sola cosa con él. Por eso nos mira y ama en cierta manera como a su Hijo y como a hijos propios. Llevamos esta gloriosa condición por dos razones: porque si es madre de la Cabeza lo es de sus miembros y porque nuestro Salvador, en la cruz, nos entregó a su madre en calidad de hijos. Jesús nos la ha dado no sólo por reina y soberana, sino en calidad de madre, que es la más ventajosa que podemos imaginar. A cada uno de nosotros repite lo que dijo a san Juan: Esta es tu madre. y Jesús nos entrega a ella no sólo como servidores y esclavos, sino en calidad de hijos: He aquí a tu hijo, le dice, hablando de cada uno de nosotros en la persona del apóstol amado. Como si le dijera: «Estos son todos mis miembros que te entrego para que sean tus hijos. Los pongo en mi lugar para que los mires y ames como a mí mismo y como yo los amo». Oh, Madre de Jesús: tú nos cuidas y nos 'amas como a tus hijos y como a hermanos de tu Hijo y nos amas y amarás eternamente con el mismo amor de madre con que lo amas a él.

Querido hermano, en todos tus asuntos, necesidades, perplejidades y aflicciones, acude al Corazón de nuestra amorosa madre. Es un Corazón que vela sobre nosotros y nuestros intereses. Es un Corazón tan lleno de bondad, dulzura, misericordia y liberalidad que nadie ha acudido a él con humildad y confianza sin recibir sus consuelos. Es un Corazón generoso, fuerte y poderoso para combatir a nuestros enemigos, para alejar y destruir todo lo que nos perjudica, para alcanzar de Dios lo que pide y colmamos de toda clase de bienes.

María ha llevado y llevará a Cristo en su Corazón

(DEL LIBRO DE SAN JUAN EUDES, PRESBÍTERO. «SOBRE. EL ADMIRABLE CORAZÓN DE JESÚS ».

7, 1: Oeuvres Completes 7, 24~246.)

Bienaventurada eres, Virgen María, que llevaste en tu seno al Creador del mundo, pero mucho más lo eres porque lo llevaste primero en tu Corazón.

(Antífona de Sexta de la fiesta del Corazón de María)

 

Un testimonio de la devoción particular de san Agustín por la Madre de Dios y que se refiere a su Corazón está contenido en las siguientes palabras de su libro sobre la santa virginidad: La divina maternidad de nada habría servido a María si no hubiera llevado a Cristo más felizmente en su Corazón que en su carne. Es este uno de los más bellos elogios que se pueden hacer en honor del Corazón de la Reina del cielo, pues san Agustín lo exalta por encima de las entrañas benditas de la Madre de Dios. Y con toda razón:

l. Porque esta Virgen incomparable concibió al Hijo de Dios en su Corazón virginal antes de concebirlo en sus entrañas.

2. Porque si lo concibió en su seno es por haberse hecho digna de ello al concebirlo primero en su Corazón.

3. Porque en sus entrañas sólo lo llevó por espacio de nueve meses, pero en el Corazón lo lleva desde el primer instante de su vida y por toda la eternidad.

4. Porque lo ha llevado más digna y santamente en su Corazón que en su carne, ya que este Corazón es un cielo viviente en el que el Rey del universo recibe mayor amor y gloria que en los cielos empíreos.

5. Porque la Madre del Salvador lo llevó en su seno cuando él era pasible y mortal y en las debilidades de su infancia; en cambio lo llevará eternamente en su Corazón en su estado glorioso, impasible e inmortal.

Por eso san Agustín tiene toda la razón cuando dice que María llevó a Jesús más feliz y excelentemente en su Corazón que en su carne.

OREMOS:

Dios Todopoderoso,

que hiciste del corazón de María Virgen

tu digna mansión y trono de toda virtud.

Concédenos por su intercesión

llevar en nosotros su semejanza

para que, cumpliendo siempre sus designios,

seamos conformes a tu propio corazón. Amén.

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