Eudista

El tiempo especial de formación eudista.  

Ciertamente la formación espiritual y eudista hace parte de todo el proceso de formación, sin embargo el tiempo especial (en nuestro caso, correspondiente a un año académico) es reservado para una formación espiritual y eudista mucho más intensa.




1.1. Las dimensiones de la formación en el tiempo especial

 a) La dimensión humana: Aunque para poder iniciar  la Probación, dentro de la cual se encuentra el tiempo especial de formación eudista, se ha pedido una base humana  cualificada en lo referente a la salud integral, al conocimiento de sí mismo, al equilibrio psicoafectivo, a la capacidad de relacionarse, al sentido de responsabilidad y a la conducta recta, no por ello se da por concluido el proceso de formación humana. Al contrario, un año dedicado a la formación espiritual y eudista se traduce en una ulterior cualificación de la dimensión personal del candidato. Para ello, durante el tiempo especial, los diversos talleres y experiencias realizadas tienen una profunda dimensión existencial que también ayuda a confrontar a los candidatos de modo personal y llamarlos a una mayor madurez humana.

 b) La dimensión espiritual: Esta dimensión adquiere una importancia cardinal durante el tiempo especial de formación eudista. En efecto, se trata intensificar el proceso de encuentro con Cristo, la conversión, el discipulado y la vida de comunión y misión, que caracterizan el proceso de formación de los discípulos y testigos de Jesucristo, a partir del encuentro con Cristo, al estilo de san Juan Eudes y con la identidad específica de quien ha sido llamado a ser “pastor según el corazón de Dios”. Durante el tiempo especial, vivido como un gran retiro espiritual durante un año, se profundiza de manera particular la espiritualidad apostólica, sacerdotal y eudista.

Misión

 La Dimensión Pastoral.   

Esta dimensión de la formación implica la cualificación del candidato en el ejercicio del quehacer fundamental del ministerio: el servicio de la Palabra, el servicio de la liturgia y de los sacramentos y el  servicio de gobierno y de la caridad. Para ello es necesario poseer la mentalidad, los criterios pastorales, las metodologías y habilidades que más convengan a la misión de la Iglesia en el mundo actual.

 

Para ser servidor de la Palabra el candidato se mantiene en contacto cotidiano con ella, la estudia, proclama, trasmite y testimonia. Esto lo hace tanto en la comunidad formativa como  en ejercicio de sus prácticas pastorales, en parroquias y escuelas de evangelización y formación.

 

Para ser servidor de la liturgia y de los sacramentos el candidato estudia la liturgia, vive y celebra los sacramentos y se sumerge progresivamente en su misterio mediante la ejercicio de los ministerios del lectorado y el acolitado y otros servicios litúrgicos extraordinarios, tanto en la casa de formación como en los lugares de práctica pastoral. De manera especial celebra cotidianamente la eucaristía.

 Para ser servidor de la caridad cristiana se esfuerza por conocer las diferentes iniciativas eclesiales a nivel diocesano, nacional e internacional, así como las actividades concretas de la Congregación en este campo. Además reconoce el ejercicio de la caridad en los ejercicios de la formación y de la evangelización asumidos por la Congregación y se prepara para servir en ellos.

Intelectual

La Dimensión Intelectual.    

La formación intelectualdel presbítero eudista consiste en la adquisición de una amplia y firme preparación en las ciencias sagradas y en conocimientos pedagógicos y pastorales correspondientes a su misión de evangelizador-formador. De esta manera, el candidato se habilita para ejercer su ministerio como presbítero en el campo de la pastoral parroquial,

la formación de ministros y obreros del evangelio y la evangelización en general. El aspecto académico de la formación intelectual requiere que el candidato adelante sus estudios en una Facultad de teología de una institución de educación superior suficientemente acreditada, donde, de ser posible, adquiera además los conocimientos pedagógicos y pastorales que se requieran para el ejercicio de su ministerio.

La dimensión académica exige, además, la integración de fe y vida, mediante la reflexión constante, el estudio y el intercambio de ideas y experiencias significativas. En esta manera de proceder, su preparación intelectual se caracteriza por la interdisciplinariedad y la adquisición de una metodología que integra el rigor científico y la finalidad pastoral de formación. Por el estudio de la teología el eudista adquiere una visión orgánica de las verdades de fe, profundiza en el encuentro con Dios mediante el estudio de la Sagrada Escritura, se capacita para comunicar razonablemente la fe y forma de vida cristiana y para dialogar con el mundo y dar razón de su esperanza.

 

  • Estudios universitarios: Se trata de facultades de teología, para la formación teológica, o centros de formación pastoral y pedagógica, para la formación como evangelizadores y formadores, debidamente acreditados y aceptados por el Concejo provincial.

Humana

La Dimensión Humana.   

Las cualidades humanas requeridas en los procesos anteriores adquieren una importancia particular en la vocación a “ser 'imagen viva' de Jesucristo Cabeza y Pastor de la Iglesia” (PDV 43). Se espera y exige que el candidato, en esta etapa de su formación, manifieste una personalidad equilibrada, sólida y libre. Por este motivo se le pide que dé razón de sus actos, que sepa reconocer sus virtudes y defectos, que sea capaz de valorar con conciencia recta los acontecimientos con los cuales se confronta y que sea capaz de actuar a partir de motivaciones trascendentales. De modo específico se considera su capacidad de relacionarse con todas las personas de modo sencillo, amable y cordial. En primer lugar con aquellos que comparten su vida en la comunidad y también con aquellos con quienes entra en relación por causa de sus estudios y practicas pastorales.

Los diferentes contenidos y experiencias de las dimensiones teológica, comunitaria, pastoral y espiritual se orientan a formar un ser humano, “obrero del Evangelio”, movido por el amor pastoral. Este amor cualifica las diferentes dimensiones de su existencia física, psíquica y espiritual; de manera que es capaz de ordenar su vida a las exigencias del ministerio a que aspira y de la Congregación; vive su sexualidad de manera serena y gozosa en el celibato; y se muestra disponible para vivir con austeridad y pobreza, siendo sensible al sufrimiento y necesidades de los demás.

Además de la función formativa otorgada a las diferentes dimensiones que convergen en el proceso de formación se consideran actividades formativas explicitas en las que se ayuda a los candidatos a hacerse conscientes de sus deficiencia humanas, así como de los recursos y estrategias con que cuentan para optimizar su condición humana con miras asumir el ministerio. Igualmente, se trabaja en estas actividades específicas los valores y desafíos que constituyen la vida presbiteral y celibataria en la Iglesia y el mundo actual.

Espiritual

La Dimensión Espiritual.    

De por sí la espiritualidad cristiana consiste en la comunión y relación personal con Dios, en Jesucristo, bajo la guía del Espíritu Santo. En el caso del candidato al ministerio presbiteral, el encuentro con Dios implica la condición existencial y sacramental de ser, en Cristo, ante la Iglesia: sacerdote, pastor, cabeza y esposo. Razón por la cual el sacerdote debe vivir en íntima comunión con Jesucristo, para vivir y actuar ante la Iglesia con las mismas actitudes y sentimientos de Cristo, que de modo sintético se expresan en la llamada caridad pastoral de Cristo con la cual se debe identificar el presbítero. En definitiva la vida espiritual del presbítero se caracteriza por un continuo darse a Jesucristo para ser configurado con en el servicio de la Iglesia.

 

El candidato al ministerio sacerdotal aprende a vivir íntimamente unido a Cristo mediante la lectura y el estudio orante y cotidiano de la Palabra de Dios; mediante la participación y vivencia activa de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía cotidiana y la celebración frecuente de la Reconciliación, y también de la Liturgia de las horas; y mediante la “entrega generosa y gratuita” en la vida comunitaria seguida en el seminario y la fe y el amor misericordioso con que trata a los pobres y pecadores. De modo específico se integra en la dimensión espiritual de la formación la estima y el compromiso de vivir el celibato como expresión del amor indiviso a Jesucristo; igualmente el deseo y prontitud en la obediencia, así como la disponibilidad para llevar una vida pobre y humilde, por causa del amor a Jesucristo y a su Iglesia.

En orden a la formación espiritual no faltan en el día a día del seminario la celebración de la Eucaristía, la Liturgia de las horas y la lectura orante de la Palabra de Dios; se cuenta con frecuentes jornadas de retiro y se promueve la caridad fraterna y el aprendizaje del servicio ministerial  los pobres y pecadores.

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